martes, 11 de enero de 2011

Imán de pasteles



(Rescatada de por ahí. Alude a mi realidad de hace cinco años atrás)

Las reglas de la teoría de la imantación amorosa pasteloide ha dejado la escoba en mi pobre corazón atendiendo a los últimos sucesos. No entiendo dónde adquirí ese radar que me conecta con los especímenes más deleznables del mal llamado sexo fuerte, o a lo mejor, lo heredé. No creo, pues las mujeres de mi familia, según sé, no gozan de tanta mala suerte en el amor. O al menos eso creo yo.
Todo empieza por el mal ojo que tengo. No sabía que me gustaba tanto la geometría y que practicaba tanto en materia sentimental los teoremas de Pitágoras y Tales desde que me vi involucrada en una serie de triángulos. Algunas veces sabiendo, otras ignorándolo completamente.

Para que decir, soy última de ingenua. Siempre espero lo mejor de la gente y pese a tener 27 años todavía no falta el que me vende la pomada. Si vendieran la plaza Victoria, o el reloj de flores de Viña, fijó que me anoto con una postura y si puedo, lo compro.

Alguien me sugirió por ahí un exorcismo amoroso, pero para mí, como siempre digo, esto de los pasteles es circunstancial. Si mirara mi conducta hacia atrás digo que no siempre obré como corresponde y yo creo que los pasteles es una forma de hacerme pagar mis faltas.

Otra cosa: me siguen los bebés. Será por ese aire de mamá que aflora por los poros que donde voy no falta el novel veinteañero que me jura este mundo y el otro y que sueña con pasarse más allá de los besos y los abrazos conmigo. Reconozco que atinar con cabros chicos no me desagrada, a veces, depende cuantas chelas o pisco sours tenga en las venas, pero tampoco es la panacea “llevarla” en la relación, ni que me miren con cara de desagrado las pendejas a las que les arrebaté las conquistas.

No hay mal que dure cien años, ni tonta que lo aguante. Pero yo tengo la culpa, para qué estamos con cosas. Si la naturaleza no me privilegió con ese radar anti pasteles que tienen algunas de mis amigas, por lo menos debería aplicarme en practicarlo. Tengo tantos ejemplos en que apoyarme y ni modo. Moriré con ese insulso magnetismo que cargo no sé donde y que hace que hombres con el ADN de SW* se acerquen a mi órbita, para colmo de mis males.

*Entiéndase sacos de weas.

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