Está comprobado que los mejores carretes son esos
que no se planean y que resultan de cuando una anda con las expectativas en
tono "moderación"y dispuesta sólo a pasarlo bien.
Esa fue la máxima que yo puse en práctica el sábado
pasado cuando me junté con mi grupo de amigas, tras dos meses de estar fuera de las pistas porteñas.
Destino: el lugar donde como
bien dice la Clau, todo pasa, vale decir, el Bar La Playa en nuestro puerto querido.
Tras las pasada obligada por lo que es ya nuestro
centro de operaciones viñamarino (el departamento de la Coté) y mientras estábamos en pleno paso de crisálida a mariposas, es decir maquillándonos, nos fuimos a Valpo.
En el auto, como es tradicional, las chicas se
fueron de coro y coreografía de la banda sonora animosa que siempre acompaña el
viaje. Íbamos a hacer la previa en El Pajarito, pero el local como siempre
estaba atestado de gente, e inclusive nos encontramos con cierto personaje que
pese a vernos, nos evitó y haciendo gala de su malaeducación, no nos saludó. Filo con gente así porque pa weones, no estamos..
Por eso y cuando la Eva y la Clau llegaron a nuestro encuentro nos
fuimos mejor al sector de Cumming y recalamos en el Alimapu, bar que es
resistido por algunas personas, pero que a mí me encanta porque es decentito y barato.
Así fue que tras sortear una empinada escalera de caracol accedimos al VIP o
tercer piso.
Punto a favor era que en ese espacio podías
conversar tranquilamente sin tener que
alzar la voz para que los demás te escuchen. La ocasión era perfecta para hacer
un repaso de estos meses sin ver a mis queridas colegas y como siempre,
terminar hablando de las relaciones de pareja y los hombres.
Partí yo haciendo un repaso somero de mi proceso de
olvido, recibiendo las felicitaciones de las chicas que han visto el trabajo
que he realizado al respecto. Luego vino la Kathy, quien nos relató su historia
de ensueño con su extranjero que dicho sea de paso anunció visita en unos meses
más. Luego la Clau con su proceso de superar el duro golpe que significó saber
que el que ella creía era el amor de su vida se casó con otra. Más tarde fue el
turno de Eva quien está de vuelta en las pistas tras su separación y finalmente
la Coté que se está dejando querer, pero como decimos por ahí, en el modo de “despacito por las piedras”.
En resumidas cuentas, ese ejercicio de echar fuera
lo que nos pasa nos sirvió para reconocernos y aprender una de la otra en
cuanto a relaciones se refiere.
Todas esas conversaciones, huelga decirlo, acompañadas por unos
exquisitos vinos con frutas y una tablita pa picar.
Luego de ello, era ya la hora para irse a bailar.
El Playa, su música y su gente nos esperaban. Llegamos pasada la una y media de
la mañana.. El local lucía lleno, pero no a destajo. Al menos se podía bailar y
eso fue lo que hicimos.
Luego de asegurarnos dejar las chaquetas y las
carteras en un casillero, para que no estorben a la hora de bailar subimos al
segundo piso. No pasé ni dos minutos y ya estaba bailando con un Bob como diría
mi amigo Cristián.
El chico en cuestión estudia Ingeniería y es de
Viña. Muy canchero comenzó a conversar y
luego de unos bailes locos, nos dimos un beso. Era bien amorosito él y
debo decir que yo figuraba bien contenta como hace mucho no lo estaba.
Mientras, mis amigas seguían bailando al ritmo de
la música variopinta y ecléctica que se escucha en el Playa o bien estaban
fuera sorteando el frío fumándose un pucho.
Terminado el carrete, calabaza calabaza cada una
para su casa y coronamos así una salida memorable como muchas de esas que hemos
vivido, aunque esta vez no haya habido casorio express ni mariscal al vino blanco
a las 11 de la mañana. Jajajajajajajj!!
Pero como en esas series de varios capítulos, esta
historia CONTINUARÁ

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