
Por Carito
El es como un culto al arribismo, es como decir soy del Sur y plata tengo, para demostrar cierta solidez económica. Por eso el reloj grande, la pulsera de plata y lo más destacable: la cadena de oro.
Luis es su nombre y Luisa,la protagonista de la historia. Algo así como Víctor-Victoria, el célebre film. Son vecinos del mismo condominio y se conocieron de manera accidental, así como en las películas. El es detective, dicho en buen chileno, el muchacho es tira o rati, como prefieran. Ella periodista, que confiesa que es picante ser pretendida por un chico de Investigaciones, ya que el hombre demostró sus intenciones. Luisa no da mayor crédito a sus coqueteos, pues estar de vuelta en el grupo de las solteras, la hace no querer involucrarse en relación alguna, por fugaz que parezca.
Ella me ha confesado que el famoso Luis, a quien no conozco, no es mal parecido. Sólo un detalle de su apariencia hace que Luisa lo rechace. Es la gruesa cadena de oro que exhibe en su cuello, signo de status en la clase popular, ya que desde antaño el oro ha sido signo de poder. Bueno, no es sólo la cadena. La pulsera de plata, el chicle, el reloj descomunal, las cortinas rosadas. Pero paremos un poco. El pobre Lucho está siendo puesto en el banquillo por mis letras.
Destaco eso sí que posee un buen auto y una colección de bonsái que no le deben haber costado baratos.
Quizás el hombre merece una oportunidad. Luisa debería dársela. Total las mujeres sabemos educar a los hombres y con un poco de amor, un roto mal educado puede convertirse en un gentleman. Y quien nos dice que Luisita pueda quitarle a Lucho su gusto por lo chulo. Sólo en un par de salidas ella podría persuadirlo de dejar los adornitos auríferos y vestirse de manera más simple, haciéndole entender que a los hombres no les vienen bien esas cosas.
Esto me hace recordar al muchacho de antaño a quien rechace por exhibir en su anular un anillo de oro. Dejo en claro, eso sí, que no era una argolla de matrimonio. Me parecía de traficante eso de andar con anillos apoteósicos en la mano. Y por eso, él fue descartado.
Yo abogo por al menos una salida de los protagonistas. Rechazarlo así tan arbitrariamente no es justo. Así es que ha decirle sí a la salida. Reconocer que el muchacho tiene su qué se yo es un gran paso. Es varonil, caballero, y eso se agradece por estos tiempos. Por último, la cadena de oro es una banalidad, es una cuestión de percepciones. Otra mina se moriría por un tipo cargado al orégano.
Luis y Luisa. Me gusta esta pareja. Un amor de verano, una historia para llegar a marzo. Con un poco de suerte, Lucho podría cantar en un tiempo más desde el balcón de su departamento: Fuiste mía un verano, solamente un verano…..
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