martes, 11 de enero de 2011

La teoría de los ahogos o las ganas de escapar



Luego de ver que mi colega y amigo constantemente le está dando de comer a su blogcito, decidí hacer lo mismo con el mío....

Y qué mejor que hacerlo con un tema con el que a mí tanto me gusta festinar: los ahogos, recurso tan bien sobreutilizado por el personaje de la actriz Carmen Disa Gutiérrez en Sucupira...Ese culebrón de TVN que se rodó en Papudo. Ahogos con que la mujer graficaba su hastío de ciertas situaciones y que a mí me vienen tan seguido.

Resulta que doña Olga Marina de Fábrega, una mujer común y corriente, esposa del boticario del balneario, fémina más joven que su marido y con cierto enganche y simpatía, que cuando se veía abatida por la rutina y la monotonía del costero pueblo, tenía la costumbre de hacerse la invitada a cuanto evento social tuviesen sus amistades en el norte, llámese casamiento, bautizo, aniversario o velorio, para pegarse un viajecito en la mayoría de los casos a dedo...¡Jajajaja!

El ahogo se traducía en un viaje a espacirse, a compartir con otros, a darle rienda suelta al relajo, pero en el buen sentido de la palabra, según se releía.

A la Olguita no le atacaban los remordimientos de dejar solo a su "chancho, don Segundo Fábrega, quien al regresar a su hogar, dábase cuenta cómo su amada cónyuge le había dejado en una simple nota, la comunicacion de que se mandaba cambiar al norte.

El ingrediente de comedia en esta historia está dado porque don Segundo invadido por su soledad, al son de un tango gardeliano que sonaba lastimero en un añoso tocadiscos, daba espacio a sus instintos suicidas, siendo en muchas ocasiones candidato a ocupar la tumba que en el vacío cementerio sucupirano, el alcalde Federico Valdivieso pretendía inaugurar.

Mientras Segundo casi moría, su Olga lo pasaba regio y despues volvía contando sus peripecias en el norte, casi siempre en Antofagasta- donde se hacía amiga de medio mundo- dejando entrever que ya había conquistado nuevas invitaciones, ideales para futuras escapadas o AHOGOS. ¡Maestra la Olguita!

Lo pasaba regio, se desAHOGABA, llegaba a su casa como si ná y más encima su chancho la esperaba paciente, ganoso y lo mejor, sin odiosas preguntas.  Me pregunto, valga la redundancia ¿quedará algun Segundo por ahí? Si así es, buscaré las coordenadas para con él encontrarme.

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